Hay veces en que nuestras agrupaciones de alumnos parecen ideales. Puede que todos sean de la misma clase o curso, que su temperamento y personalidad encajen bien, o que todos trabajen con el mismo nivel de destreza o tengan un objetivo común. Otras veces, uno o más de estos lujos se sacrifican para que nuestros horarios funcionen. Pero no hay que rendirse. Podemos hacer cosas para asegurarnos de que se alcanzan los objetivos individuales de los alumnos, incluso en un grupo mixto.
3 consejos para grupos con objetivos diversos
Con demasiada frecuencia, debido a la programación o a otras limitaciones, acabamos con un grupo de alumnos que tienen objetivos mixtos: unos articulados y otros lingüísticos, unos receptivos y otros expresivos, o simplemente objetivos dirigidos a habilidades específicas diferentes. El reto consiste en cómo abordar los objetivos de cada niño en la misma sesión, cómo asegurarse de que la enseñanza que recibe cada niño es individualizada y está orientada a sus objetivos, y de que el tiempo que se le dedica merece la pena y está bien empleado.
1. Asegúrese de que tanto usted como los alumnos saben cuáles son los objetivos.
Los objetivos de los alumnos, o un breve resumen de los mismos, deben documentarse en un lugar donde puedan estar a la vista mientras se trabaja con los alumnos. Esto facilita la recogida de datos significativos y le permite orientar las actividades hacia los objetivos de cada alumno. Todos los alumnos deben saber en qué están trabajando, aunque sólo sea una parte del objetivo general o esté redactado en términos simplificados. Por ejemplo: "Hoy vamos a leer este cuento sobre la nieve. Quiero que Joey escuche las palabras con el sonido /k/, y Becky, tú vas a usar la palabra "porque" para hablar de por qué suceden las cosas".
2. Use rutinas para limitar lo que usted - y sus alumnos - necesitan pensar
La mayoría de las destrezas del habla y el lenguaje se adquieren a través de una práctica exhaustiva, y los alumnos con PIE (que requieren una enseñanza especialmente diseñada) necesitan aún más repetición y práctica. A menudo pasamos a otra actividad o tema antes de lo necesario. Utilizar los mismos materiales o las mismas actividades en varias sesiones no sólo reduce el tiempo de planificación, sino que, cuando los alumnos ya entienden lo que se espera de ellos, pueden centrarse más en la destreza lingüística y menos en resolver la actividad. Por ejemplo: "Recuerda que la semana pasada Charlotte hizo preguntas del tipo ¿Dónde?, Nina respondió con frases completas y Carlos propuso tres palabras descriptivas. Esta semana, todos tienen los mismos trabajos, pero vamos a utilizar este dibujo de tu libro de lectura". O... "La semana pasada utilizamos Silly Sally para que Eduardo practicara los sonidos /s/ y para que Jill practicara el uso de -ed para hablar del pasado, y para que Jordán practicara los turnos. ¿Te acuerdas del libro y de lo que hablamos?".
3. Utilizar materiales de la experiencia de los alumnos o del plan de estudios
No subestimes el poder de preguntar a los niños cómo les va el día, en qué están trabajando en clase o qué han hecho el fin de semana. Además de conocer mejor su vida y sus prioridades, si puedes incluir en la conversación sus objetivos lingüísticos y del habla, tendrás la oportunidad de que practiquen y generalicen sus habilidades. Por ejemplo: "Vaya, ¿vas a ir al zoo este fin de semana? Veamos cuántos animales puedes nombrar" o "¿Usarás el sonido /r/ en los nombres de alguno de los animales que verás?" o "Pregunta a los otros niños de nuestro grupo sobre su última excursión al zoo".
Los SLPA y los paraprofesionales deben actuar siempre dentro del ámbito definido por las organizaciones estatales y nacionales que conceden las licencias y sólo deben realizar las tareas permitidas bajo la supervisión de un logopeda.